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Antes de decorar la casa, el living debería ser considerado el corazón del proyecto. Aunque esto no siempre ocurre y se le da prioridad a otros ambientes. Este es uno de los errores con los que se ha encontrado la diseñadora de interiores Silvana Romero. La profesional nos cuenta que en la mayoría de las viviendas el espacio no se aprovecha y el mobiliario no se distribuye de la forma adecuada, lo lleva a que la sala termine como un lugar de paso. En esta charla Silvana nos dirá cómo decorar una sala pequeña para disfrutarla al máximo.
¿Cómo decorar una sala pequeña, empezando por la distribución?
Toda sala pequeña puede mejorar, o incluso empeorar, solo con mover un mueble de lugar. La distribución no es un mero ejercicio de organización; es la arquitectura invisible del espacio. Los interioristas solemos empezar por observar cómo entra la luz, dónde se produce la circulación natural y qué elementos están bloqueando esa fluidez. Una sala pequeña no puede permitirse barreras visuales ni muebles que corten el recorrido.

¿Aquí entran en juego las líneas de escape visual y cómo funcionan?
Eso es correcto. Distribuir bien es pensar en líneas de escape visual, en cómo se abre el espacio desde la entrada, en qué objeto se convierte en el punto focal y en cómo ese punto dirige la mirada. Si el sofá está mal ubicado, la sala se siente comprimida. Si la mesa de centro es un obstáculo, se pierde movilidad. Cuando la distribución fluye, el espacio se expande visual y funcionalmente, aunque los metros sigan siendo los mismos.

¿Es cierto que el sofá es un elemento clave?
El sofá es la pieza que dicta el carácter del salón. En salas pequeñas, ese sofá debe tener presencia, sí, pero también discreción. Las líneas limpias, los brazos estrechos y las patas elevadas funcionan como aliados porque liberan espacio visual. Un sofá demasiado mullido o con formas abultadas puede devorar la habitación, mientras que uno proporcionado abre el espacio y lo equilibra. También recomiendo evitar los respaldos excesivamente altos, que hacen que el volumen del mueble se sienta más pesado. En cambio, un respaldo medio, líneas rectas y una paleta serena permiten que el sofá se integre sin dominar. Y no se trata de optar por piezas minúsculas, se trata de elegir un diseño que dialogue con la arquitectura del lugar y no la opaque.

¿Qué opina de los muebles elevados?
La separación entre el mueble y el suelo es un espacio de oro que muchas veces se desperdicia. Los muebles con patas elevadas, bien sean aparadores, mesas auxiliares o incluso sofás, permiten que la luz circule debajo y crean la ilusión de mayor amplitud. Es simple, cuando vemos más suelo, vemos más sala. Esta sensación de ligereza es vital en ambientes pequeños, donde cada centímetro visible suma.

¿Cómo debe ser la iluminación en salas pequeñas?
La iluminación transforma la forma de la sala. Una única lámpara central aplana, divide y reduce el espacio; crea sombras duras que fragmentan la percepción. En cambio, cuando trabajamos la luz en capas, la sala adquiere profundidad, textura y movimiento. Las lámparas de pie aportan verticalidad, los apliques bañan las paredes con calidez y las luces indirectas suavizan los bordes. El truco está en no iluminar de forma uniforme, sino crear atmósferas. Cada fuente de luz debe dirigir la mirada hacia un punto, como una repisa, un cuadro o un rincón que consideremos especial. Así, el espacio deja de ser un plano fijo y se convierte en un volumen vivo, más amplio.

Siempre se habla de colores claros para ambientes pequeños.
Decorar una sala pequeña no significa renunciar al color. Significa elegirlo con sensibilidad. Los tonos claros amplían porque reflejan la luz, pero eso no limita la paleta al blanco puro. Los interiores más actuales trabajan los tonos beige minerales, el arena, el greige y los tonos piedra que suavizan el ambiente y lo vuelven envolvente. Estos colores aportan calidez sin afectar la luz, crean fondos equilibrados y permiten que los muebles destaquen sin competir. Lo importante es que el color elegido no genere cortes visuales. Los tonos suaves permiten que el ojo recorra el espacio sin interrupciones, generando sensación de amplitud.

En ese sentido, en salas pequeñas se deben evitar mezclas de colores en pisos y paredes.
La invitación es a no exagerar. La continuidad cromática es el hilo conductor que sostiene la amplitud visual. Cuando la sala pequeña se compone de demasiados contrastes, la mirada se detiene, el espacio se divide y se percibe más reducido. Una paleta continua hace exactamente lo contrario, unifica, empareja y amplía. Trabajar con degradados dentro de una misma familia cromática es una estrategia para lograr profundidad sin saturación. Puedes elegir un color base para paredes, otro para textiles en un tono ligeramente más cálido o frío, y un tercer acento suave que aporte carácter. Esta armonía visual genera una sala que respira, fluye y se siente más grande.
¿Las texturas de los revestimientos recargan o aportan a la decoración?
Las texturas de los azulejos nos permiten enriquecer el espacio sin añadir peso visual. En salas pequeñas, las texturas deben ser elegidas como lo hacemos con un perfume, suficientes para aportar personalidad, pero no tantas como para recargar la habitación.

¿Además de los revestimientos qué otro tipo de texturas recomienda?
Maderas con vetas suaves, tejidos orgánicos, alfombras de fibra natural y cortinas vaporosas añaden profundidad táctil y hacen de la sala un espacio cálido y envolvente. La clave está en crear un equilibrio. Lo ideal es decidirnos por un solo elemento con textura protagonista y el resto que funcione como acompañamiento.

Otro recurso del que se habla hoy son las paredes acanaladas en vertical.
Las paredes acanaladas en vertical son un elemento maravilloso. Su magia radica en la manera en que guían la mirada hacia arriba, creando un efecto óptico de altura que estiliza incluso los salones más compactos. A diferencia de un muro liso, el relieve genera un ritmo sutil, una textura que vibra con la luz y aporta una profundidad que pocas superficies logran. De día capturan la claridad natural y la dispersan suavemente, y de noche, bajo iluminación cálida y dirigida, producen sombras delicadas que otorgan un aire sofisticado.

¿Cómo debe ser la mesa de centro?
Las mesas de centro pueden ser el héroe o el villano del salón pequeño. Una mesa pesada, opaca o demasiado baja puede cortar la circulación y compactar la habitación. Las opciones livianas de estructuras metálicas finas, vidrio templado o madera artesanal dejan respirar el espacio y mantienen la sala abierta.

¿Y las mesas nido?
Las mesas nido añaden funcionalidad porque permiten adaptarse al momento. Se pueden acomodar juntas cuando el espacio es prioritario y separadas cuando se necesitan superficies adicionales. Siempre tengamos en cuenta que en salas pequeñas, la funcionalidad debe ser inteligente, no acumulativa.

¿Qué papel desempeñan las cortinas?
Elevar la mirada es una estrategia fundamental en salas pequeñas, y las cortinas altas son la herramienta perfecta para conseguirlo. Instalar los rieles o barras lo más cerca posible del techo crea un efecto inmediato de altura. Las telas largas, fluidas y claras suavizan las líneas, dejan pasar la luz y añaden un toque de elegancia vertical. Alargan la pared y la embellecen. Incluso una sala pequeña adquiere un porte más majestuoso cuando las cortinas parecen caer desde arriba como una columna de tela.

¿Qué nos dice del suelo y las alfombras?
Aunque algunos dicen que son para estancias amplias, yo pienso que los pisos de gran formato generan un efecto visual de amplitud, y si además aplicamos el Total Look ganamos profundidad. En el caso de las alfombras, una alfombra bien dimensionada delimita el área social y organiza la composición. Lo importante es que no sea demasiado pequeña porque fragmenta, ni demasiado grande porque absorbe la sala. Cuando el suelo fluye y la alfombra acompaña, la sala gana equilibrio.

Con lo básico podemos diseñar una sala pequeña de portada.
La amplitud visual nace del orden, pero también del carácter. Una sala pequeña con personalidad bien dosificada se siente viva, auténtica y armoniosa. No se trata de vaciar el ambiente, sino de elegir piezas que realmente representen el espíritu del espacio. Por ejemplo, una lámpara de diseño, un cuadro que exprese nuestra esencia, un jarrón artesanal o una pieza vintage. Los interioristas coincidimos en algo, cada objeto debe tener un propósito emocional o funcional. Así es como logramos que todo sume y nada estorbe.






