TADAO ANDO Arquitecto La arquitectura es como un viaje - El blog de la innovación
Concepto de Expertos

TADAO ANDO Arquitecto La arquitectura es como un viaje

El arquitecto más renombrado de Japón y uno de los mejores del mundo habló con la revista Concepto. Tadao Ando dijo que para ser arquitecto hace falta tener un sueño, ideales y la energía física para mantenerlo. Este pensamiento se ve reflejado en los diseños de cada una sus edificaciones, que se irguen en Europa, Asia y América como gigantescas esculturas de hormigón.
Nacido en 1941, en tierras niponas, es considerado el fundador de la arquitectura del silencio, y quizás uno de los pocos autodidactas que gracias a su pasión por explorar y a sus viajes obtuvo gran parte de la inspiración para crear estructuras, con geometrías libres de excesos, que hoy el mundo se detiene a admirar. Este ganador de premios como el Pritzker de Arquitectura (1995), la Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects -RIBA- (1997), la Medalla de Oro del American Institute of Architects -AIA- (2002) y la Medalla de Oro de la Unión Internacional de Arquitectos, París (2005), entre otros, dialogó con la revista Concepto.

Revista Concepto: ¿Por qué en 1965 decidió hacer ese largo viaje por Europa?
Tadao Ando: Fue por mi deseo de conocer de primera mano la arquitectura europea, que parecía tan diferente a los edificios del mundo en que yo vivía, y también porque yo admiraba mucho la obra del arquitecto Le Corbusier. Afortunadamente, en ese momento, se habían levantado las restricciones para viajar a otros países. Así que resolví emprender este viaje porque quería aprender mucho más acerca de la arquitectura.

R.C: Le Corbusier ha representado una gran influencia para usted.
T.A: Es cierto, me interesé mucho en Le Corbusier como persona y como arquitecto, y quedé realmente impresionado por el hecho de que él descubrió maneras de crear un mundo nuevo. En esos momentos, previos a mi viaje, no podía dejar de pensar: “Yo quiero ver sus obras con mis propios ojos y quisiera conocer a Le Corbusier en persona”.

 

R.C: ¿Qué fue lo más interesante que vio durante el viaje?
T.A: Lo primero que hice fue ponerme de pie en la cubierta del barco que tomé de Yokohama (Japón) a Nakhodka (Rusia) y miré hacia el horizonte del Océano Pacífico; y luego, durante el viaje a Moscú, en el tren Transiberiano, miré por la ventana hacia las llanuras que parecían extenderse sin fin en la distancia. Estos lugares tuvieron un gran impacto en mí, pues me ayudaron a ganar un verdadero sentido de la inmensidad del mundo y sobre la pequeñez de mi propia existencia.

R.C: ¿Y los recorridos que hizo caminando?
T.A: Seguí mis recorridos a pie por la arquitectura europea en los Países escandinavos. En Finlandia, vi la obra de Alvar Aalto. En Francia, contemplé las obras de Le Corbusier, y en España, vi la arquitectura de Antonio Gaudí. Y luego, tuve la oportunidad de ver los edificios italianos clásicos, el origen de la arquitectura occidental.

R.C: Para usted sus viajes también representan algo espiritual.
T.A: Desde luego, porque cada vez que visito un lugar siempre me tomo el tiempo para contemplar su historia y cultura. Cuando me encuentro con un mundo nuevo, me planteo su significado y busco respuestas a las cosas que no entiendo. Siempre estoy pensando en las cosas nuevas que voy a ver. Para mí viajar es como ir a la escuela.

R.C: ¿Qué sensaciones le despierta admirar las obras de otros arquitectos?
T.A: Cuando miro la arquitectura de otras partes, tengo conversaciones conmigo mismo y me pregunto: “Si yo fuera el arquitecto, ¿cómo hubiese hecho estas estructuras?”. Fue de esta manera como comencé mi carrera, e incluso ahora en mi trabajo sigo en busca de respuestas a preguntas como estas. En ese sentido la arquitectura para mí es como un viaje, pues las cosas que un arquitecto ve lo inspiran a pensar constantemente, y su búsqueda para entender lo que ve lo lleva a recorrer diferentes partes.

 

R.C: En sus proyectos el hormigón es un material protagonista, ¿qué tan complejo es su manejo?
T.A: El hormigón no es un material que se puede simplemente usar como a uno le plazca. La gente generalmente piensa que el concreto es siempre el mismo, pero no es así. A pesar de que el material es el mismo, su resistencia, durabilidad, textura y aspecto puede variar considerablemente en función de las circunstancias; incluyendo la sensibilidad de las personas que lo utilizan. Le Corbusier tenía su propio hormigón, mientras que Louis Kahn tenía el suyo.

R.C: ¿Qué hace de la arquitectura algo tan fascinante para usted?
T.A: Porque siempre ofrece oportunidades para nuevos encuentros y descubrimientos. Por ejemplo, cuando tomé el proyecto de la Fundación de Arte Contemporáneo François Pinault estudié la historia de la transformación de París desde el siglo XIX, y consideré la construcción de la Torre Eiffel. También revisé el desarrollo de los grandes proyectos a lo largo del Sena. De esta manera, me hago consciente de todos los factores involucrados en torno al proyecto que me ocupa. Puedo decir que es mi forma de llevar a cabo los estudios de arquitectura, previos al diseño de una obra.

 

R.C: Se podría decir que su instinto lo lleva más allá de las estructuras.
T.A: Sí, pues me gusta seguir los descubrimientos, buscar las respuestas a las preguntas, y participar en diálogos abstractos con las historias, las culturas y las sociedades de los distintos lugares.

R.C: ¿Qué otros aspectos influyen en la concepción de una edificación?
T.A: En el proceso de realización de un edificio es también necesario que haya conversaciones con mucha gente. Clientes, consultores, empresas de la construcción, trabajadores de la obra, y todo tipo de técnicos que contribuyen al proyecto. En la arquitectura, a menos que nos comuniquemos efectivamente con otros, no podemos obtener el resultado deseado. He aprendido mucho de estas discusiones, que a veces producen ideas inesperadas.

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